Spanish Psycho

El liberalismo español pertenece al mismo club que la inteligencia militar, la evolución teísta y la tragicomedia, a saber, es un concepto que denota ciertas ganas de ser y no ser. En algunos casos, esto ocurre de forma completamente asumida, razón por la cual Shakespeare mola y la salsa agridulce es deliciosa. En otros casos, la gente se refiere a tales comportamientos como “incapacidad para asumirse a uno mismo”, “obedecer a la dictadura de las apariencias” o, simplemente, “adolescencia”. El liberalismo español pertenece a esta segunda categoría. Estamos hablando de la corriente de pensamiento que, según algunos iluminados, tiene que sacar al país del abismo, cosa que pretenden hacer mediante ingentes dosis de auto-odio y negación de la realidad. Aparentemente.

El problema del liberalismo en España viene de nacimiento. En los albores del siglo 19, iba Francia medio borracha por la calle, quemando casas y dándole a Goya razones para pintar cuadros. Ocurrió lo que debía ocurrir, y Francia procedió a violar a España, que pasaba por ahí. España, ataviada con un vestido de trapo y una mantilla de lana, le había mostrado un tobillo desnudo y, estando a principios del 19, eso era claramente provocación de su parte. En fin, que al final resultó que Francia había dejado montones de víctimas y amantes engañadas por toda Europa. Estas acabaron uniéndose y dándole una paliza, con lo que Francia tuvo que huir con el Naboleón entre las piernas, abandonando a su suerte a la pobre Nación Española y a su indeseado hijo bastardo, el liberalismo español. Acusada de acostarse con el enemigo, a la madre la llamaron puta afrancesada. Muy amargada, acabó por echarle toda la culpa al pobre niño y darse a la bebida. Sin embargo, a pesar de los insultos, palizas e humillaciones, seguía siendo su hijo y en cierto modo le quería. Era uno de esos amores que sólo la madre de Norman Bates sería capaz de entender, pero en fin, allí estaba.


Y eso convierte al liberalismo español en Norman Bates. Pero en menos guapo.

Por otra parte, cuando tu mejor referente es un asesino en serie enamorado del cadáver de su madre es que seguramente no estés en plena posesión de tus capacidades mentales. Eso explicaría muchas cosas, entre las cuales las crisis de esquizofrenia que padecen ciertos liberales notorios. Como por ejemplo Federico Jiménez Losantos o Pérez-Reverte, tan jacobinos, tan poco amigos de los particularismos culturales, tan deseosos de ser Francia y sin embargo tan afines a poner a parir a todo lo francés. Posiblemente también tengan miedo a la castración y estén intentando matar al padre, pero ese es otro tema. Y luego está Pío Moa.


Es curioso ver cómo los libros del fondo neutralizan los aires de voyeur y acosador.

Pío Moa es el hombre que escribió “Historia de Franco para los anti-franquistas”, un libro precioso que, por ironías de la vida, solo compraron los franquistas. En el libro, aborda la maravillosa realidad del franquismo durante lo que él mismo llama los Años de Hierro. “¿Pero, si se llaman Años de Hierro, cómo iban a ser maravillosos?”, os preguntaréis. Bueno, el hombre es negacionista (aunque suponemos que, desde su perspectiva, los negacionistas somos nosotros), lo que significa que padece síndrome de la avestruz y está incapacitado para ver sus propias contradicciones y enfrentarse a sus problemas. Algo que resulta obvio cuando uno se interesa por su actitud hacia ETA, por decir algo. Pío Moa es de la opinión que a los terroristas debería aplicárseles la pena de muerte y que la reinserción, además de imposible, una equivocación. Duras palabras, cierto, pero lo curioso no es eso. Lo curioso, o realmente inexplicable, es que el propio Moa es un antiguo terrorista de los GRAPO, reinsertado tras ser acusado de asesinar a un policía a golpes de martillo (al final, se le declaró inocente por falta de pruebas). Entonces, ¿porqué él no y ETA sí? Bueno, nuestra hipótesis es que ETA mata por la espalda y a distancia, algo despreciable en sí. Moa, en cambio, tuvo la decencia de ir al encuentro de la víctima. Con un martillo.


Un arma de caballeros dónde las haya.

La razón por la cual nos hemos interesado por el caso de Pío Moa es porque pensamos que es el mejor ejemplo (clínico) de porque el liberalismo español está condenado al fracaso. A fuerza de negar la realidad y de no reconocer sus traumas, ha desarrollado un trastorno de identidad disociativo, igualito que Norman Bates. Adora a su madre, la nación española, de la todavía conserva el cuerpo momificado como forma de suprimir el sentimiento de culpa nacido del hecho de haber provocado su desgracia y muerte. La doble personalidad en cuestión, la nación española, la madre, desea la muerte de todo aquel que, a veces por su mera presencia, amenace la ilusión de su existencia. Por esa razón, de vez en cuando el liberalismo español, que es macho por consenso, se pone la ropa de su madre, su peluca y sale a la calle a asesinar naciones periféricas. Posiblemente sea la razón por la cual la mitad de los españoles evita ducharse a diario, por si las moscas. Es como si Alfred Hitchcock se hubiera inspirado de las Cortes de Cádiz. Y eso es simplemente fantástico… ¿o deberíamos decir psicotitástico? (Ed: ya que preguntáis, no, no deberíais).

Conclusión: la nación española está muerta, el liberalismo español es un psicópata travesti y en Catalunya…


Recortes. En Catalunya recortes.

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