La Policía Nacional denuncia la falta de ejercicio

La UFP, o Unión Federal de Policía, son unos señores que están hartitos. Como buenos agentes del orden, durante las manifestaciones del 15-M, salieron a la calle para proteger al ciudadano de bien contra los malévolos flautistas de Hamelín y sus ratoniles hordas. Hicieron muchas horas extra, sintieron el menosprecio de sus superiores hacia su labor y soportaron todo tipo de vejaciones, desde escupitajos en el uniforme hasta manifestantes que les enseñaron sus genitales. Básicamente, tuvieron una jornada laboral normal y corriente, como cualquier otro ciudadano. Sin embargo, como los antidisturbios son demasiado machos como para pedir la baja por estrés o presentar una denuncia por acoso sexual, han tenido que reorientar sus quejas hacia el Gobierno. En especial en lo que se refiere a la negativa de Interior a autorizar una buena carga policial entre amigos, tan necesaria para rebajar la tensión del día a día. De esas de las que luego te ríes con Paco y Julián, cerveza en mano, en el furgón, de vuelta a comisaría.

En los furgones de la Policía Nacional no viajan diputados del Parlament de Catalunya, y por consiguiente son mucho más divertidos.


Los señores de la UFP, como veréis, son gente que se toma muy a pecho su trabajo. Les gusta que las calles de España estén limpias, que los niños corran libres vestidos de marinerito, con aros en la mano, mientras sus madres lavan la ropa con grandes y amorosas sonrisas, a sabiendas de que la vida es bella porque, pase lo que pase, sus maridos policías traerán dinero a la mesa. Por supuesto, el Gobierno les ha hecho oídos sordos, porque son unos rojos blandengues y porque eso de cargar masculinamente por amor al orden y la patria no es su rollo.

“Y porque creo que hay demasiadas mujeres en el Gobierno. Ala, ya lo he dicho.”

Y para empeorar las cosas, está ese detalle molesto: a los Mossos sí que les dejaron entrar a saco y romper un par de piernas, porque ya se sabe, los catalanes son unos insolidarios hasta cuando toca repartir porrazos entre turbas de jovenzuelos. Y Dios sabe que las turbas de jovenzuelos son como la RENFE y el Real Madrid, pertenecen a todos los españoles y quien diga lo contrario es un miserable. A los agentes de la ley les gustaría asegurarse de que nadie sea discriminado a la hora de dar y recibir palos.

Indignados por la situación, han presentado una queja formal ante Eurocop, la confederación europea de policía, para intentar convencer a la Unión Europea para que proponga protocolos de actuación que desvinculen la acción policial del gobierno y la hagan dependiente de los jueces y fiscales. Aparentemente, sólo la Justicia española tiene el dudoso mérito de ser tan chunga como la UFP, y eso tiene que aprovecharse para lograr y explotar mayores sinergias. También han pedido que se apruebe una normativa que impida que se cuelguen en redes sociales fotografías “que intenten personalizar en el policía como causante de la provocación y de la violencia”, porque esas fotos de Fernando apaleando a una chica anoréxica de 16 años estaban clara e infamemente sacadas fuera de contexto.

Fotografías anteriores demuestran que se trataba en realidad del Joker.

Para terminar, han solicitado protección jurídica ante denuncias individuales, alegando que un policía imputado por falta grave es un policía menos a la hora de luchar contra las hordas del caos. Resulta que hay muy pocos antidisturbios en España, apenas 3000 para toda la península. No como en Francia, donde tienen 15.000 CRS y les va de maravilla (sic). También han dicho que “una sociedad como la española, democrática y basada en el Estado de Derecho, no puede permitir que se ponga a la Policía estatal bajo sospecha”.

“Pero también creemos que el libre-mercado necesita un férreo control estatal y muchos monopolios públicos, así que no nos hagáis mucho caso.”

Bueno, a decir verdad eso no es nuevo, ya venía de antes. El lema fundacional de la organización es “En nuestra autonomía está vuestra libertad”. Ya sabíamos que nuestra libertad está condicionada por el poder relativo de la policía, aunque por alguna razón la UFP cree que eso es motivo de orgullo, así que les seguiremos el rollo y no haremos más comentarios, por si se mosqueasen. Es como cuando le gritas “¡facha!” a un falangista y este contesta “¡hombre, muchas gracias!”.

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