El Sistema Político en Harry Potter (4)

Harry Potter y la falocracia igualitaria (no publicado)

El tema del sexo se pasa bastante por alto. Y, cuando lo piensas más detenidamente, es muy posible que los niños magos se crean a través de la alquimia, los ingredientes justos y algún hechizo, como los pitufos. Pero la auténtica razón es otra : se supone que Harry Potter, en el último año de Hogwarts, solo tiene diecisiete años, mientras que su novia tiene unos quince, y ningún productor quería escenas de sexo entre menores en una película para niños.

Y sin embargo, es perfectamente posible analizar el mundo de los magos en clave sexual y freudiana (Freud todo lo puede), y ello nos hace darnos cuenta que, por muy igualitaria que parezca, la sociedad es totalmente falócrata. Empecemos por el principio.

El poder de los magos se deriva, esencialmente, de un objeto: la varita mágica. Es un elemento de suma importancia, hasta el punto de que no suelen ser intercambiables. Cada uno tiene la suya, y no funciona con la misma eficacia si cambia de manos. Es más, el algunos casos puede resultar peligroso. La varita mágica se considera pues una extensión del propio cuerpo, un órgano más, del cual se deriva toda la fuerza del portador. En los libros, un mago resulta vencido cuando pierde su varita, siéndole arrancada de las manos por su adversario. “Expeliarmus” es el conjuro castrador por excelencia, el equivalente Harry Potter de una patada en las partes.  Si la varita no es un símbolo fálico, que baje Dios y lo vea.

Un mago sin varita no sirve básicamente para nada, es un ser impotente. Ronald Weasley rompe la suya varias veces durante las películas, lo que le impide ejecutar hasta los conjuros más sencillos. Un mago incapaz de ejercitar correctamente la magia es un ser mermado, psicológica y físicamente incapacitado para ejercer cualquier forma de poder, así como de seducción sobre el otro sexo. Es la razón por la cual Ron es un enclenque inútil en una relación asimétrica en la que Hermione lleva claramente el pantalón, por decirlo de alguna manera.

El universo de Harry Potter está lleno de símbolos fálicos. La varita es sólo el más evidente de ellos, pero hay muchísimos más. Como por ejemplo la escoba: Harry Potter describe el vuelo con la escoba como su momento feliz. Su momento feliz, es un palo entre las piernas agarrado con las dos manos, una clara metàfora de la masturbación. También está la espada de Gryffindor, único objeto capaz de destruir las Horocruces. ¿Único objeto? ¡No! Hay otro, concretamente el colmillo de un basilisco, alargado, puntiagudo y portador del poder de la mascota del bueno de Salazar Slytherin.

La mascota de Slytherin es un basilisco. La de Voldemort una serpiente: hay una constante. En algunos países, “serpiente” también significa “pene” (concretamente, en Brasil, probablemente en otras partes, quién sabe). La obsesión de la Casa de Slytherin con estos animales no se debe a su naturaleza malvada, a diferencia de lo que sugiere una interpretación judeocristiana del libro. Se debe a que Slytherin es, tal y como hemos dicho con anterioridad, la Casa de los poderosos. Y como sería redundante que el símbolo de una Casa demagos fuera un varita, se conformaron con la serpiente. Incluso dejaron a un reptil gigante deambulando por Hogwarts. Hogwarts es una escuela de magos que todavía no saben usar su magia: pre-púberes y vírgenes. El basilisco es el falo de Salazar Slytherin, cuya finalidad es violar el castillo virgen en un acto de violencia sexual sin precedentes, que es una forma de expresión de su poder.

Sin embargo, a diferencia del fundador de Slytherin, Voldemort es un castrado. Dejando de lado que inicialmente es incapaz de usar una varita (porque, ya sabéis, no tiene cuerpo), en su forma final no dispone de nariz. ¿Y qué? me diréis. Pues bien, antes de la popularización del beso griego (esto es, el beso de toda la vida), la gente se daba el beso egipcio, frotándose la nariz. Antropológicamente hablando, la nariz es parte de los atributos sexuales del ser humano, y una de las partes del cuerpo con la solemos estar más descontentos y más acomplejados. Tocarle la nariz a un desconocido puede resultar tan invasivo como meterle la mano en la entrepierna. Nos jode mucho (y a los perros también). Y Voldemort no tiene. En el fondo, su búsqueda del poder es obsesiva porque está motivada por una sed de poder desmesurada a raíz de su castración.

Por último, cabe resaltar que ninguno de los personajes claves o poderosos del libro es mujer. Hermione, como ya decíamos, lleva el pantalón. La única profesora de notable influencia, McGonagall, siempre va ataviada con un inmenso sombrero de punta en la cabeza, que no es sino su falo, su símbolo de poder, lo que la convierte en un hombre. Todos los demás personajes centrales son hombres. Hay una razón para ello. Toda la historia de Harry Potter no es sino una desesperada búsqueda de la figura paterna por parte del protagonista. Desesperada porque nunca llega a encontrarla: Remus Lupin resulta ser un hombre lobo, lo que le convierte en un potencial rival sexual para hacerse con el liderazgo de la manada, más que en un padre. Luego está Sírius, pero muere prematuramente en un duelo de penes…perdón, de varitas, con Bellatrix Lestrange. Dumbledore se aparece constantemente, pero nunca está realmente ahí. Harry se debate constantemente entre la necesidad de sentirse cercano a él y la necesidad imperiosa de matarle (metafóricamente). La ausencia del padre implica que Harry es incapaz de identificarse con una figura paterna determinada y sufre, por ello, de un miedo inmenso a la castración, que es lo que motiva su búsqueda y la intriga de los siete libros. Pues nada, ya lo sabeís. Harry también es un personaje castrado por la ausencia del padre, pero, a diferencia de Voldemort, no centra su búsqueda en superar su castración a través de la acumulación de poder, sino que pretende encontrar al vehículo de su significante fálico.

Así que no, en el mundo de los magos no hay igualdad de género, es una falocracia igualitaria: todo el mundo puede ostentar poder, pero sólo porque todos tienen varita. Falocracia igualitaria, pero también autoritaria (y por lo tanto, totalitaria). Recordad: ¿Quién decide entre que Casas se reparten los niños? Un sombrero-pene.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo El Desierto Cultural

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s