Archivo mensual: junio 2011

Es país para tontos

Según Doña Esperanza, hay dos tipos de políticos asquerosos imputados en las listas electorales: políticos asquerosos imputados por corrupción y políticos asquerosos imputados por “tonterías” – lo de asquerosos no lo dice Doña Esperanza, sólo faltaría, es aportación nuestra. Si según Forrest Gump un tonto es un señor que hace tonterías, según Espe tonterías es un eufemismo aceptable para prevaricación, malversación de fondos públicos y tráfico de influencias – sus listas electorales dan para dos temporadas de Ley y Orden y otra peli de Torrente. La parte positiva es que, mediante un brillante silogismo, admite que las listas están llenas de tontos, lo cual representa un avance significativo en materia de autocrítica, algo de lo que andamos escasamente sobrados. Tres hurras y un aplauso por la Dama de Hierro de las Españas.

No debe resultar nada fácil componer listas electorales limpias, teniendo en cuenta que en España hay un ratio de trece imputados por habitante, uno más en Canarias. España es un país de culpables. Unos pocos lo son por corrupción (algo han hecho), otros por ser catalanes (algo habrán hecho), algunos por ser de derechas (algo hicieron) y unos cuantos, indecentes bastardos todos ellos, por atreverse a tener empleo (algo hacen). Por las virtudes de la regla del Y tú más™, se considera legal y aceptable el hecho de señalar los defectos del vecino con el fin de obtener un indulto automático por nuestros propios pecados, posiblemente concedido por el Su Majestad el Rey o, en su defecto, la prensa deportiva. La cosa no es defenderse de las acusaciones, sino dejar bien claro que cuatro trajes y dos bolsos Louis Vuitton no son nada comparados con los siete familiares del alcalde colocados a dedo en cargos públicos, hecho de poca importancia si se compara con los 30 millones de euros robados por Millet, que además de chorizo es catalán, el muy cerdo.


En catalán, chorizo se dice “botifarra”.

Como además vivimos en un mundo globalizado, el Y tú más™, adaptándose con brillantez a los tiempos que corren, internacionaliza referencias. Siempre hay un pez más gordo, pero cuando más se amplíe el ámbito de búsqueda, más gordo será el pez. ¿Qué son un par de mariscadas para toda la plana mayor del partido, a 1000 euros por persona y pagadas con fondos públicos, comparadas con el fraude de 50.000 millones dólares de Madoff? Calderilla. Suelto. Dinerito de la abuela. Ná de ná. Así que, ¿por qué deberíamos perder el tiempo persiguiendo al pequeño delincuente, que sólo se ha hecho construir un par de mansiones en la Costa del Sol a cargo de los fondos de la Seguridad Social, cuando hay gente mucho peor? Un malévolo corredor de bolsa corrupto de NYC con un loft de quince millones en Manhattan vende muchos más periódicos que Don Manolo, alcalde de Ollas de la Frontera y fan confeso de Pajares y Esteso.


  Aunque, para ser justos, cualquiera resulta más glamuroso que la versión alcaldable de José Luís Torrente.

Vale, está fuera de nuestra jurisdicción y no podemos hacerle nada, técnicamente. Pero, ¡y lo que nos ahorramos en gasolina! El sentimiento de indignación es, como no podría ser de otra forma, de TODOS los españoles, y por lo tanto debería salirnos gratis, en leros y en horas de trabajo.

Somos un país de imputados, pero de imputados menores, de los que, según la Señora Presidenta, sólo han hecho un par de tonterías, meras “chiquilladas” como dirían algunos curas a la hora de describir sus inocentes intentos de confraternización con niños del coro. Y si nos quedamos sin culpables, siempre nos quedarán los vascos.


Arriba: vasco cavando y presuntamente socavando los cimientos de la nación española.


En definitiva, somos un país de tontos.

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Prevención del SIDA y terrorismo

Navegando por internet uno encuentra de todo. Desde periódicos online que ofrecen la posibilidad de seguir la guerra en directo, en plan Gran Hermano – Gadafi ha sido nominado y deberá abandonar la casa – hasta webs que venden heces de elefante para que se las envíes a tus enemigos, porque puede que la venganza se sirva fría, pero tibia y blandita mejor que mejor. También encontraremos el material del que están hechas las pesadillas. Pesadillas que nos robarán el alma y destruirán nuestra inocencia, y la verdad – a quién queremos engañar – nos gustaría conservar la poca que nos queda. Que esto sirva de manual de supervivencia, inocentes lectores.

Todo ser humano que haya ido a una escuela o instituto a partir de finales de los 80 habrá visto, colgados en las paredes, carteles de prevención que mostraban, generalmente, una pareja desnuda en blanco y negro con caras inexpresivas y pinta de no estar pasándoselo ni bien, ni mal, sino “pse”. A parte de la típica sensación de malestar generado por todo lo que puede guardar un parecido razonable con una escena de Truffaut, alguien que nunca había oído hablar del SIDA no sentía, al contemplar el cartel, ninguna sensación de peligro o siquiera de riesgo. Sencillamente alguien decía “la vie est une pomme flétrie, dévorée par la lassitude des heures” y la chica del al lado contestaba “vous avez raison Charles…”, y acto seguido la cámara enfocaba un árbol durante 3 horas.

Sospechando que los posters existencialistas no tenían efecto en su público, los publicistas, que son muy listos, optaron por métodos más directos. Y determinaron que, para que un mensaje cale de forma apropiada, es necesario traumatizar de por vida a todo aquel que pose su desprevenida mirada sobre sus carteles, porque el miedo y el terror son métodos de reconocida eficacia en lo que a concientización se refiere. Como encerrar a los enfermos en campos de concentración y exterminio no era una idea viable, las agencias de publicidad responsables de las campañas hicieron lo que venía justo después en la escala de la terriblemente perturbado. ¿La respuesta?

 

 

Escorpiones gigantes. Sexo con escorpiones gigantes.

 

 

Y ciempiés humanos, retorcidas criaturas sacadas de la mente enfermiza de Clive Barker.

Hay que denunciar a esta gente. Por publicidad engañosa. Intentar mantener relaciones sexuales con escorpiones gigantes tiene que ser muchísimo más peligroso que hacerle el amor apasionadamente a un contenedor de jeringuillas usadas – sí, contenedores de jeringuillas usadas, a nosotros no nos miréis, han empezado de los del escorpión. Oh, y también hay un poster en el que una tarántula gigante le hace un cunnilingus a una pobre mujer – y lo de “pobre” lo decimos por decir, la verdad es que pone cara de placer. Pero nos abstendremos de poner la foto, porque el objetivo de todo esto es preservar vuestra inocencia ante campañas de publicidad agresiva, ¿no? Espero sinceramente que funcione. De verdad. De todas formas, ¿qué podría ser peor que el sexo con insectos gigan-

 

 

Oh. Eso.

A parte del hecho de que este cartel parece sugerir que la forma correcta de usar un condón es meter a la chica dentro – y definitivamente no lo es –,  la alegoría aquí utilizada para describir los riesgos del SIDA parece haber sido pensada por un equipo de publicistas atiborrado de metanfetaminas, posiblemente con el audiobook de la Alicia en el País de las Maravillas sonando de fondo. Suponemos que la conversación fue de la siguiente manera:

Tipo#1: Bien, ¿cómo convencemos a nuestros jóvenes de los riesgos que implica el sexo desprotegido?

Tipo#2: ¡Ya lo tengo! La escena de “Bajo el mar”, de La Sirenita de Disney, versionada por David Lynch. Con peces-pene, anguilas-pene y una gran anémona-pene en el centro. Y un condón-submarino.

Tipo#1: Excelente.

También hay la versión dirigida al público masculino – aunque, dado el surrealismo de la cosa, no creo que haya sido muy pertinente de parte de los publicistas entrar en cuestiones de género. Pero dado que La Sirenita es supuestamente menos representativa para dicho público, el segundo cartel está basado en lo que parece ser la versión erótica de 2001: Odisea en el Espacio. O puede que sea la Guerra de las Galaxias. En cualquier caso, en vez de estrellas y planetas, hay pechos flotantes, imaginamos que por aquello de “Vía Láctea”. También hay vaginas flotantes, pero en este caso no tenemos ni idea del porqué. Y francamente, no queremos saberlo.

 


O como diría James Tiberius Kirk: “Cuaderno de bitácora,  fecha estelar 52034.0: WTF ?!.”

 

Conclusión, molestos por el hecho de que la gente non entendiera sus sutiles alusiones al paso del tiempo y al spleen vital que, fatalmente, nos afecta a todos, los publicistas decidieron dejar de lado a Truffaut e inspirarse en otros grandes monumentos del cine, como, por ejemplo, SAW y su dulce, dulce terror. Qué mejor forma de prevenir el SIDA que convencer al público de que el sexo y la lujuria llevan directamente al Segundo Círculo del Infierno?

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El Sistema Político en Harry Potter (4)

Harry Potter y la falocracia igualitaria (no publicado)

El tema del sexo se pasa bastante por alto. Y, cuando lo piensas más detenidamente, es muy posible que los niños magos se crean a través de la alquimia, los ingredientes justos y algún hechizo, como los pitufos. Pero la auténtica razón es otra : se supone que Harry Potter, en el último año de Hogwarts, solo tiene diecisiete años, mientras que su novia tiene unos quince, y ningún productor quería escenas de sexo entre menores en una película para niños.

Y sin embargo, es perfectamente posible analizar el mundo de los magos en clave sexual y freudiana (Freud todo lo puede), y ello nos hace darnos cuenta que, por muy igualitaria que parezca, la sociedad es totalmente falócrata. Empecemos por el principio.

El poder de los magos se deriva, esencialmente, de un objeto: la varita mágica. Es un elemento de suma importancia, hasta el punto de que no suelen ser intercambiables. Cada uno tiene la suya, y no funciona con la misma eficacia si cambia de manos. Es más, el algunos casos puede resultar peligroso. La varita mágica se considera pues una extensión del propio cuerpo, un órgano más, del cual se deriva toda la fuerza del portador. En los libros, un mago resulta vencido cuando pierde su varita, siéndole arrancada de las manos por su adversario. “Expeliarmus” es el conjuro castrador por excelencia, el equivalente Harry Potter de una patada en las partes.  Si la varita no es un símbolo fálico, que baje Dios y lo vea.

Un mago sin varita no sirve básicamente para nada, es un ser impotente. Ronald Weasley rompe la suya varias veces durante las películas, lo que le impide ejecutar hasta los conjuros más sencillos. Un mago incapaz de ejercitar correctamente la magia es un ser mermado, psicológica y físicamente incapacitado para ejercer cualquier forma de poder, así como de seducción sobre el otro sexo. Es la razón por la cual Ron es un enclenque inútil en una relación asimétrica en la que Hermione lleva claramente el pantalón, por decirlo de alguna manera.

El universo de Harry Potter está lleno de símbolos fálicos. La varita es sólo el más evidente de ellos, pero hay muchísimos más. Como por ejemplo la escoba: Harry Potter describe el vuelo con la escoba como su momento feliz. Su momento feliz, es un palo entre las piernas agarrado con las dos manos, una clara metàfora de la masturbación. También está la espada de Gryffindor, único objeto capaz de destruir las Horocruces. ¿Único objeto? ¡No! Hay otro, concretamente el colmillo de un basilisco, alargado, puntiagudo y portador del poder de la mascota del bueno de Salazar Slytherin.

La mascota de Slytherin es un basilisco. La de Voldemort una serpiente: hay una constante. En algunos países, “serpiente” también significa “pene” (concretamente, en Brasil, probablemente en otras partes, quién sabe). La obsesión de la Casa de Slytherin con estos animales no se debe a su naturaleza malvada, a diferencia de lo que sugiere una interpretación judeocristiana del libro. Se debe a que Slytherin es, tal y como hemos dicho con anterioridad, la Casa de los poderosos. Y como sería redundante que el símbolo de una Casa demagos fuera un varita, se conformaron con la serpiente. Incluso dejaron a un reptil gigante deambulando por Hogwarts. Hogwarts es una escuela de magos que todavía no saben usar su magia: pre-púberes y vírgenes. El basilisco es el falo de Salazar Slytherin, cuya finalidad es violar el castillo virgen en un acto de violencia sexual sin precedentes, que es una forma de expresión de su poder.

Sin embargo, a diferencia del fundador de Slytherin, Voldemort es un castrado. Dejando de lado que inicialmente es incapaz de usar una varita (porque, ya sabéis, no tiene cuerpo), en su forma final no dispone de nariz. ¿Y qué? me diréis. Pues bien, antes de la popularización del beso griego (esto es, el beso de toda la vida), la gente se daba el beso egipcio, frotándose la nariz. Antropológicamente hablando, la nariz es parte de los atributos sexuales del ser humano, y una de las partes del cuerpo con la solemos estar más descontentos y más acomplejados. Tocarle la nariz a un desconocido puede resultar tan invasivo como meterle la mano en la entrepierna. Nos jode mucho (y a los perros también). Y Voldemort no tiene. En el fondo, su búsqueda del poder es obsesiva porque está motivada por una sed de poder desmesurada a raíz de su castración.

Por último, cabe resaltar que ninguno de los personajes claves o poderosos del libro es mujer. Hermione, como ya decíamos, lleva el pantalón. La única profesora de notable influencia, McGonagall, siempre va ataviada con un inmenso sombrero de punta en la cabeza, que no es sino su falo, su símbolo de poder, lo que la convierte en un hombre. Todos los demás personajes centrales son hombres. Hay una razón para ello. Toda la historia de Harry Potter no es sino una desesperada búsqueda de la figura paterna por parte del protagonista. Desesperada porque nunca llega a encontrarla: Remus Lupin resulta ser un hombre lobo, lo que le convierte en un potencial rival sexual para hacerse con el liderazgo de la manada, más que en un padre. Luego está Sírius, pero muere prematuramente en un duelo de penes…perdón, de varitas, con Bellatrix Lestrange. Dumbledore se aparece constantemente, pero nunca está realmente ahí. Harry se debate constantemente entre la necesidad de sentirse cercano a él y la necesidad imperiosa de matarle (metafóricamente). La ausencia del padre implica que Harry es incapaz de identificarse con una figura paterna determinada y sufre, por ello, de un miedo inmenso a la castración, que es lo que motiva su búsqueda y la intriga de los siete libros. Pues nada, ya lo sabeís. Harry también es un personaje castrado por la ausencia del padre, pero, a diferencia de Voldemort, no centra su búsqueda en superar su castración a través de la acumulación de poder, sino que pretende encontrar al vehículo de su significante fálico.

Así que no, en el mundo de los magos no hay igualdad de género, es una falocracia igualitaria: todo el mundo puede ostentar poder, pero sólo porque todos tienen varita. Falocracia igualitaria, pero también autoritaria (y por lo tanto, totalitaria). Recordad: ¿Quién decide entre que Casas se reparten los niños? Un sombrero-pene.

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