El Cínico

El cínico es el sol de tu vida, aquella persona cuyos oscuros comentarios sobre el día a día de la especie humana te hacen sonreír a pesar de ser, en su mayoría, observaciones apologistas del darwinismo social y la eugenesia negativa. El simple hecho de reírte te convierte en una mala persona, y lo sabes. Pero lo toleras porque hay algo en el tono del cínico que te resulta entretenido y porque, en el fondo, estás muerto por dentro. Y además eres consciente de ello, pero no te importa – porque, como ya hemos dicho, eres una mala persona. Esa es la magia del cínico, a través de sus mordaces comentarios, incluso el hambre, las epidemias y la guerra étnica pueden resultar divertidas, y sin que por ello tengas que sentirte culpable.


“Y entonces, Ariel dijo que no aguantaba más y se voló la tapa de los sesos de pura desesperación…me reí durante media hora, ése Ariel…¡todo un clásico!”

Pero no nos engañemos. El cínico, como todo artista, precisa de una musa. Y esa musa eres tú, ser humano anónimo. Hay pocas cosas que la humanidad sepa hacer mejor que putear a sus semejantes, en una larga y tristemente inventiva e ingeniosa lista de formas posibles. La gran mayoría de la grandes evoluciones políticas, tecnológicas y sociales originaron algún que otro ejemplo de esa estupidez crónica que nos viene persiguiendo como especie desde tiempos inmemoriales. Por ejemplo, en sus inicios, Internet tenía más que ver con misiles balísticos que con millones de hombres buscando sexo virtual.


Aunque, según Freud, viene a ser lo mismo.

Gracias a Internet, precisamente, el cínico usa ese poder suyo para escribir en blogs chorras como éste, porque, aunque la reacción madura y adulta sería llorar por nuestra pobre humanidad, el cínico no es ni maduro ni adulto. Por suerte, tú tampoco, ser humano anónimo. Y sí, es una suerte, porque de no ser por nuestra capacidad de reírnos de las miserias de los otros, no podríamos progressar como sociedad. De hecho, la única razón por la cual no nos hemos extinguido es porque, precisamente, aunque se nos da muy bien matar cosas, también somos muy buenos a la hora de reconstruir nuestras vidas sobre las humeantes ruinas de la civilización, con una gran sonrisa – lo llaman “esperanza” -, para luego destruirlas de nuevo, añadiendo pequeñas mejoras a medida que avanzamos.


Según nuestros cálculos, el futuro está a dos guerras mundiales, trece pogromos, doscienteos noventa y dos casos de corrupción urbanística y un caso de fraude electoral masivo.

Así pues, el cínico observa a la humanidad, dándose golpes de cabeza contra una pared de forma regular, consternado ante sus semejantes, siempre convencidos de que “esta guerra será la última” o que “nunca más seremos esclavos de nadie”. En definitiva, el cínico es tu amigo, es quien te muestra como eres, humano anónimo. Es una cáscara vacía dotada de ingenio, pero es TU cáscara vacía.


Dice ser: un observador estoico de la gilipollez ajena

Desea secretamente: volver al sufragio censitario

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