El Multicultural

Todos hemos tenido el inmenso placer de encontrarnos con un multicultural en algún momento de nuestras vidas. Especialmente aquellos que hemos sido juzgados merecedores de ser enviados en alguna universidad tercermundista para “disfrutar” de un “maravilloso” año de intercambio con gente con la que no tenemos nada en común (no me importa que comerse las larvas hervidas por la nariz sea una bella tradición con siglos de antigüedad, a mis ojos de europeo es, y seguirá siendo, una guarrada). El multicultural es la típica persona que siente la “llamada del camino” y la necesidad de “descubrirse a sí mismo”. Si, sé que estoy haciendo un uso abusivo de las comillas, pero es porque creo necesario resaltar la idiotez de la terminología.

 

Cuando alguien pronuncie esas palabras sagradas, que parecen las de una secta hippie, no os dejéis engañar: os halláis en presencia de un multicultural. El siguiente paso depende de vosotros. En el Armario de César Borgia tenemos por costumbre rociarles la cara con agentes disolventes, pero recordad que una ligera paliza puede bastar. Depende de las ganas de cada uno, oye.

 

Veréis, el multicultural es a la cultura hippie lo que la música emo es al death metal, es decir, una versión pija y moña de algo ya de por sí bastante insoportable. El multicultural emprende “el camino” en avión y, a poder ser, en compañías tipo Air France o Singapore Airlines, porque, claro está, en otras compañías con menos caché tienen que hacer escala y no disponen de agua Evian en cabina (y, osea, por ahí no pasan, saes?). Llegado el momento de “descubrirse a sí mismos”, lo hacen en un apartamento de 60 metros cuadrados totalmente amueblado por Ikea, van al restaurante diariamente (cocina occidental a poder ser), beben vino europeo importado y “viajan” por el país con otros multiculturales que comparten su pasión por descubrir cosas nuevas (si no habéis captado la ironía es probable que seáis uno de ellos).

 

Enfin, no sé vosotros, pero cuando yo voy a algún país colista en la lista del IDH, me sorprende e impacta la pobreza, la incompetencia del gobierno de turno o la aparente inexistencia del concepto de higiene. Pero el multicultural sólo ve “gente sonriente y humana, con ganas de vivir”. Cuando vuelve a su tierra, ha cambiado. Desprecia a sus compatriotas porque a sus ojos no saben divertirse, son gente gris y se pasan el día trabajando, a diferencia de los nativos de su país de intercambio, que se pasaban el día celebrando la vida. El hecho que los nativos en cuestión estuviesen todos en el paro y sobreviviendo a base de ayudas internacionales (léase occidentales) es, por supuestísimo, pasado por alto.

 

Dice ser: un espíritu libre

Desea secretamente: ser Virrey de las Españas (y, en culturas menos grandilocuentes, simple gobernador colonial)

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