Archivo mensual: enero 2011

El Sistema Político en Harry Potter (3)

La Muy Alegre y Mágica Inquisición

El sistema judicial no tiene desperdicio. Los juicios de los que hemos podido leer consistían en una multitud de magos (Sangre Limpia) que se sentaban en torno al acusado con aire amenazador. No se menciona la presencia de abogados defensores. Los presos son encerrados en una jaula situada en el centro de la sala (más bien un amfiteatro de la muerte) mientras dura el interrogatorio, en la que no disponen de silla para sentarse. Sus acusadores se hallan muy por encima suyo, en clara posición de dominación. Todo está preparado para que el acusado se sienta mal, en un claro intento de torturarle psicológicamente durante el juicio. ¿Estado de derecho? ¿Presunción de inocencia? Venga ya, eso son mariconadas para muggles.

¿Y que decir del derecho a la privacidad? Prácticamente inexistente, puesto todo joven mago lleva puesto un sensor que indica cuando usa la magia fuera de la escuela (hecho terminantemente prohibido, aunque sea e légitima defensa). En un mundo de magos, estos llevan, desde la más tierna infancia, un detector del Ministerio implantado que les impide hacer magia sin que se enteren las autoridades. Recordemos que no tienen tecnología y dependen de la magia para vivir. Es como si le impidieran a un chaval de 16 años usar su móvil sin que se entere el gobierno. ¿A alguien le suena 1984? ¿Estado policial? Si a Ron le da por usar su varita para que corra la brisa bajo la falda de Hermionne, le pueden caer un par de años en Azkaban y una expulsión definitiva de Hogwarts.

Y ya que hablamos de ello, analizémoslo más minuciosamente. Una torre negra de fría piedra, en medio de un mar de aguas oscuras agitadas por una tormenta interminable, con rayos y truenos, gracias a la que los presos pueden disfrutar de 24 horas diarias de lluvia. Quiero insistir en algo : Azkaban es un gulag en medio del mar, húmedo, oscuro y medieval. Comparado con las condiciones sanitarias del lugar, Abu Ghraib pasa y Château d’If pasan por un Happy Park.  Joder, hasta las cárceles chinas están inspiradas en Harry Potter, pero incluso ellos tuvieron que poner un límite. Recuerdo que estamos hablando de un libro para niños. Por si fuera poco, los presos viven aterrorizados día y noche pensando en los guardianes. No estamos hablando de funcionarios rechonchos y corruptos, que cobran comisiones abusivas sobre el tráfico de cigarillos. Estamos hablando de espectros capaces de absorber el alma y las ganas de vivir de la gente. ¿Qué dice la Convención de Ginebra acerca del uso de dementores en las instalaciones penitenciarias? En serio, que alguien se informe, por favor.

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El Sistema Político en Harry Potter (2)

Los Sangre Sucia deben sentarse en la parte de atrás del autobús noctámbulo

El sistema de castas es tan solo la punta del iceberg. El mundo de los magos es un mundo fundamentalmente injusto, en el que no se respeta la igualdad de sus ciudadanos y en el que hay claramente una jerarquía social determinada por la sangre y la especie. Tanto que, en la práctica, todo el mundo es racista. Voldemort es un radical, pero no hace más que llevar a la práctica las ideas de la mayoría. Y en el fondo, a la gente no le parece mal, porque el buen hombre, con un “ejército” de dos docenas de brujas fachas con capuchas, da un golpe de Estado y asume el control de todo un país. Digo yo que no será tan fácil, en algo le habrán echado un cable las masas anónimas. Así que, por lo general, el sentimiento es que con Voldemort había paz, orden, trabajo y se vivía mejor (reconsideremos pues: Quien-Tu-Sabes es una sabia mezcla de Osama, Paquito y Nathan Forrest). Y sí, es cierto que hay gente que vive aterrorizada por el miedo a ser represaliados, pero como bien dice la sabiduría popular, “algo habrán hecho”.

La jerarquía social se organiza pues en el siguiente orden: 1) Los Sangre Limpia, 2) los Mestizos, 3) los Sangre Sucia, 4) los gnomos y 5) los elfos domésticos. Se trata de una ordenación propia del Tercer Reich. Explicación: Los Sangre Limpia son la raza de señores, ocupan la mayoría de puestos del alto funcionariado y del profesorado (los Malfoy son rubios de ojos azules y no es por casualidad). Los Mestizos son aquellos considerados válidos para frecuentar a la raza de señores, ma non troppo. Los Sangre Sucia son aquellos que no pueden acceder a ningún puesto de trabajo relevante y que a penas sirven para las tareas básicas y pesadas. En estas tres primeras clases, la diferencia es generacional. Un Sangre Sucia tendrá que esperar dos o tres generaciones para que se le considere Mestizo, y un Mestizo nunca jamás podrá obtener el rango de Sangre Limpia, a no ser que pasen siglos enteros. Un razonamiento similar al que se empleaba para calcular el nivel de sangre aria en los años 30 y 40.

Peor están sin duda los que se hallan por debajo. Los ya citados, por lo menos, tienen el estatus de magos (lo que, siendo honestos, mola bastante). Los siguientes en el escalafón social, los gnomos, son descritos como seres bajitos, narigudos, avaros y, por lo general, trabajan en un banco. Por si alguien tenía alguna duda de la orientación política de J.K. Rowling, imagino que ya no. Digamos que le gustan los rubios. En cuanto a los elfos, que puedo decir… Son los Intocables, siervos, esclavos de sus señores. La de Harry Potter es una sociedad que tolera la esclavitud, y no es algo que se haga exclusivamente en casa de los seguidores de Voldemort, sino también en una escuela como Hogwarts, cuyo director no es más que un progre de boquilla. Muchas paridas y muchos acertijos cutres, pero no es más que un desgraciado de antiguo régimen con tics paternalistas. Eres un facha de mierda Dumbledore.

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El Sistema Político en Harry Potter (1)


A estas alturas de la década, todos habremos oído hablar de un tal Harry Potter (o Enrique Alfarero en su versión castiza). Que si es un rebelde, que si mola su cicatriz en forma de rayito, que si todo le sale de chiripa, que si liga más bien poco, y otros temas de relleno para esas largas noches con ese grupo de amigos que se niegan a crecer. Por suerte, el tejido social de fans ha construido un complejo entramado de argumentos, razones y excusas para justificar la presencia de esos espesos tomos de letra grande entre el manual de derecho económico y algún gran clásico de la literatura universal. Gracias a esos acróbatas del razonamiento, somos muchos los que podemos prescindir del costoso armario de doble fondo, pues no tenemos nada que esconder. Es más, el único profesor de literatura al que he oído hablar en contra de Harry Potter lo hizo porque era un radical de las letras, un ermitaño de la palabra escrita, un ferviente proustiano y, en definitiva, un auténtico pirado.

Razones, he oído muchas. “¿Por qué leo Harry Potter? Pues hombre, porque me encanta el estilo en el que está escrito y porque en el fondo esconde una profunda crítica social de la Inglaterra victoriana” o “Su historia es increíble, lo tiene todo: intriga, amor, humor, drama…ya te digo, de todo. Bueno, no tiene sexo, pero no me importa, a mí me va el rollo Crepúsculo”. Aunque, sin duda, la mejor es la de los que alaban la riqueza del mundo y el modo en que la autora describe el complejo universo académico, social y político.

A ver, coherente, el universo lo es. Pero ese mundo de cuento de hadas encierra en sus más oscuras bóvedas auténticos horrores que deberían hacernos temblar de horror. Desde dolorosos ejemplos de segregación racial hasta cohortes de niños soldado, y eso sin hablar de un sistema judicial que calificaremos, eufemísticamente, de duro. Me diréis “Sí, vale, pero Gondor y Rohan tampoco son modelos de democracia parlamentaria”. Gilipolleces, por lo menos Tolkien tuvo la decencia de ambientar su mundo en una suerte de Edad Media fantástica en la que todo eso no resulta chocante. El mundo de Harry Potter es, en cambio, muy actual, así que le daremos un placer a la mente y al cuerpo interpretándolo a la luz del presente.

 

A Gandhi no le mola Hogwarts

Resulta práctico empezar por el tema que mejor conocemos todos, el sistema educativo del mundo de los magos. Hogwarts, sus clases de pociones, de defensa contra las artes oscuras y demás, sus Casas, sus partidos de Quidditch y sus locos eventos. Todo tan bonito que a tu abuela le parece “precioso”. Pero no os dejéis engañar por algo que, en el fondo, no es sino una oscura NAPOLA cuyo objetivo es formar niños soldado y separar a los válidos de los inválidos desde su tierna niñez a través de un brutal sistema de castas.

Cualquier hijo de vecino se habrá dado cuenta de que a lo largo de su formación los dulces niños con capas negras y sonrisas radiantes acaban convirtiéndose en mortíferos usuarios de la magia. Y es que todos siguen un riguroso entrenamiento a partir del momento en que ponen en un pie en el castillo, en un proceso que elimina o separa a los débiles y refuerza a los más dotados. Para empezar, a través del sistema de las Casas se urde la separación de los alumnos en función de su utilidad para la sociedad.

Slytherin da cabida a los más ambiciosos, los de clase privilegiada, los puros de sangre, los futuros políticos, hombres de negocios, las clases dirigentes. Gryffindor, en cambio, acoge a los más valientes e incorruptibles, que pasarán a engrosar las filas de los Aurores y de los cuerpos de seguridad. Son la clase que ejerce la violencia, que se legitima a través de las leyes, pero en el fondo, están sometidos a los que poseen el poder. Eso está representado por el hecho de que, por muchas veces que derrote a Draco Malfoy, Harry Potter sigue detestándolo y teniendo ganas de humillarle (en vez de sentir simplemente lástima), lo que demuestra que está completamente acomplejado por su condición de mero agente de los poderosos. Ravenclaw es el hogar de los más inteligentes, aquellos que harán funcionar la economía a través de las ideas. Por fin, Huflepuff reúne a los amables, los leales, los de buen corazón y, por norma general, a todos los que no sirven para nada excepto para servir a los demás y alimentar la cadena productiva con su fuerza de trabajo y su patética buena voluntad.

La Casa a la cual cada alumno es enviado en su primer año le marcará para siempre, pues, por las negras artes de un triste sombrero viejo, se ve sometido de por vida al más crudo determinismo. Un sistema de corte totalitario, pues la rivalidad entre las Casas, cuidadosamente entretenida a lo largo de los años, impide cualquier tipo movilidad social entre las castas de magos. ¿Y por qué? Pues porque lo dice un sombrero viejo. A mi me suena a excusa barata del tipo Ratoncito Pérez o los Reyes Magos, solo que en su versión negativa. Primera constatación sobre el tipo de régimen: según Hogwarts, es una sombrerocracia autoritaria.

El contenido de las clases es igualmente cuestionable. La clase de defensa contra las artes oscuras es, básicamente, un cursillo de formación anti-terrorista, puesto que Voldemort vendría a ser una especie de Osama Bin Laden con varita mágica (y su color es el verde, como el islam : hay un símil, no me he inventado nada). Además, es la materia más importante para los que deseen entrar en el cuerpo de policía. Para más inri, también se enseñan conjuros prohibidos o cuyos efectos, como por ejemplo el de borrar la memoria, atentan contra los derechos fundamentales, como el derecho a la identidad. Me diréis que no, que insisten en que son “sortilegios prohibidos” y que no deben usarse, y que, en teoría, no hay peligro alguno. Vamos a ver. Ejecutar un conjuro de esos está al alcance que cualquier niñato (el mismo Harry Potter lo consigue, y eso que es medio tonto), puesto que basta con conocer la fórmula y disponer de una varita y una pequeña dosis de mala leche. Es como meter un arma prohibida por  la convenciones internacionales, como un lanzallamas, en manos de un cani y decirle que no debe usarlo. Dicho coloquialmente, es una gilipollez. En cuanto a las pociones, los profesores imparten conocimientos sobre cómo preparar elaboraciones alucinógenas y potencialmente letales. Por último, cabe resaltar que los alumnos más aptos son incitados a llevar a cabo actos de inmenso peligro, como por ahora medirse en duelo contra un dragón (WTF?!) o darse ostias por los aires mientras juegan a una especie de fútbol a cincuenta metros del suelo montados en escobas mágicas (por si no lo habéis probado nunca, son bastante inestables, y eso que la mía no volaba).

La finalidad del sistema educativo del mundo de Harry Potter es muy clara: organizar la sociedad según esquemas deterministas contarios a cualquier forma de libre-albedrío, a través de los cuales se podrán seleccionar los más aptos para las tareas más relevantes y descartar a los menos útiles, confinándoles en una vida de servidumbre agradecida. Hogwarts es una institución verdaderamente temible, el laboratorio social de una mente enferma y liberticida. A partir de aquí, cabe imaginar que el resto del mundo de los magos es, por lo menos, monumentalmente chungo.

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Aviso a los consumidores: puede que estén alimentando la industria de guerra nazi

El otro día una amiga compró un paquete de aspirinas de marca Bayer y me dio la idea para este artículo. Me dan cierta grima los productos de Bayer. Y los de ciertas empresas alemanas que hoy en día fabrican electrodomésticos o coches de lujo. Son grupos malvados. Realmente malvados.

Bayer

Empecemos con nuestro campeón. Bayer es una empresa farmacéutica líder en el mercado, creadora de la ya famosa aspirina y de la aún más famosa heroína, inicialmente vendida como medicamento que, según el folleto, alentaba los actos heroicos. Luego resultó que también te convertía en zombi, y como los zombis no cumplían con los estándares de perfección nazi, y se retiró del mercado. Pero esa no es, ni de lejos, la razón por la cual Bayer figura en ésta lista (a pesar de que, teniendo en cuenta la de vidas que ha desruído con su mierda a lo largo de la historia, podria perfectamente serlo).

Veréis, Bayer también inventó un producto un tanto más polémico, llamado Zyklon B, el gas con el que el Tercer Reich eliminó toda presencia judía dentro de su espacio vital. Los de Bayer no sólo te curan los dolores de cabeza: si se lo pides por favor también asesinan a 6 o 7 millones de personas. Originalmente, el gas era un insecticida, pero algún contable un poco ido de la puta olla descubrió que si cambiaban la etiqueta y lo usaban para matar judíos, se vendía en mayor cantidad. No os espantéis, hay más.

Ciertas farmacéuticas experimentaban con chimpancés, pero a Bayer debió parecerle moralmente reprobable (es que son tan monos…).Así que la diabólica empresa esponsorizó al Doctor Mengele, alias Doktor Muerte, para que experimentara con judíos sujetos humanos e investigara posibles aplicaciones en importantes campos de la medicina, como el de torturar la gente hasta la muerte. Joder.

IBM

Vale, no es exactamente una empresa alemana. Pero teniendo en cuenta que en los 80 se especulaba con que IBM dominaría el mundo a través de sus ordenadores, la compañía tiene indudablemente un fondo malvado. No podía esperarse otra cosa de la predecesora de Microsoft y Google en su afán de controlar nuestras vidas.

IBM tenía una filial alemana. El mundo de los negocios de los años 30 podría ser generosamente calificado de moralmente ambiguo. Algunos de los hombres más ricos de aquellos benditos tiempos, como Rockefeller y Ford, se la tenían jurada a los judíos, latinos, negros, homosexuales y a algunos sub-grupos de orcos y trolls. Por supuesto, no les molestó en absoluto financiar proyectos de mejoramiento racial, en parte porque estaba de moda y porque el dinero convierte a la gente de malas personas. IBM estaba entre ese selecto grupito de empresas estrangeras que gustaban de lamer el culo a Hitler.

En esa época, IBM era especialmente conocida como gestora de bases de datos, que funcionaban con un sistema de tarjetas perforadas que reproducían códigos suficientemente complejos como para seguir el rastro de una gran cantidad de información útil: datos financieros, historiales médicos, judíos…ya véis por dónde van los tiros. IBM “cedió” sus bases de datos a los nazis, que obtuvieron imediatamente una lista con los nombres de los afortunados ganadores del viaje a Polonia. Como la lista de Schindler, pero mucho más larga y en versión binaria. Gracias IBM.

Siemens

Otra empresa mundialmente conocida es Siemens, por sus lavadoras, su electrónica y el AVE Barcelona-Madrid (si el retraso de las obras os pareció indignante, leed lo que viene a continuación). En los años 40, Siemens también fabricaba vagones de tren, pero no tenían ruedas ni ventanas, no se movían y eran de cemento. Y tenías que ser judío para subirte. Y en vez de aire acondicionado, dispensaban gas letal.

Además de fabricar cámaras de gas de serie para sus amos nazis, la gente de Siemens también era responsable de las comunicaciones alemanas, de sus líneas de ferrocarril, de buena parte de sus infraestructuras, fábricas y, básicamente, todo lo que fuera vital para el esfuerzo de guerra. Y cómo el precio de la tierra estaba por las nubes, deslocalizaron sus negocios a Europa del este, concretamente a los bucólicos pueblecitos de Auscwitz y Treblinka.Y en vez de empleados asalariados, usaron esclavos voluntarios de los países conquistados.

Pero esperad, porque lo más fuerte viene ahora: hace unos pocos años, Siemens intentó patentar el nombre “Zyklon” para usarlo en el marco de una campaña de marketing para una serie de productos…incluyendo hornos de gas.

Hay más, como por ejemplo los uniformes de la SS, diseñados por Hugo Boss, o las entrañables primeras versiones de la Volkswagen Beattle, fabricadas por trabajadores forzados en alguna oscura factoría de Stuttgart, Alemania. Pero lo vamos a dejar aquí, os dejo, necesito urgentemente un abrazo y un poco de cariño.

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El Apolítico

Hay gente con contradicciones. Luego hay contradicciones con apariencia humana, como por ejemplo el estudiante de políticas apolítico, objeto de una violenta e inconsciente cisma interna. Desgarrador como pocos, el susodicho personaje suele decir que no cree en la política, que los líderes electos son todos unos chorizos, y que Jiménez Losantos es una fuente de información fiable y seria.

El apolítico es un descontento por naturaleza, una de esas entrañables personas que nos provocan, a la mayoría, unas fuertes ganas de cerrar cristianamente nuestras manos alrededor de sus cenizos cuellos en un intento de salvar sus almas y librarlas del terrenal tormento. Que es una forma bonita de decir que sentimos la necesidad antropológica de purgar el cuerpo social de elementos poco participativos cuya aportación global es cero patatero. Sí, ha quedado muy nazi, pero alguien tenía que decirlo y, de todas formas, os recuerdo que nuestro Ello no entiende de democracias ni Estados de derecho. Lo que no logramos entender nos produce miedo y el miedo despierta en nosotros una serie de pulsiones destructivas como mecanismo de autodefensa. Y lo cierto es que al apolítico que estudia políticas no le entiende nadie, ni siquiera Rosa Díez, que tan bien entiende a los españoles. Pero como somos así de simpáticos, le haremos un favor y le psicoanalizaremos.

La lógica del apolítico es similar a la del estudiante de empresariales que cree que la mejor forma de crear riqueza es colectivizando la economía. No vamos a negar que, matemáticamente, si matas de hambre a 15 millones de personas, el PIB/habitante aumenta (eso niños, se llama “teoría malthusiana”), pero como sistema de prosperidad resulta un poco bestia (eufemismo). El apolítico parte de un razonamiento similar, es decir, que la mejor forma de hacer buenas políticas es instaurando un régimen sin papanatas, con ciudadanos de bien y gente honrada y preparada, para llevar al país por una senda virtuosa que sirva al interés general. Y a eso, en el Armario de César Borgia, nos hace recordar con cariño tiempos mejores en los que la gente no iba a votar. Véis como el apolítico merece todo vuestro amor?

Dice ser: un ciudadano responsable e indignado

Desea secretamente: poder salir del armario y decirle a la gente que admira a Sarah Palin, que votaría al gran inconfesable y que César Vidal y Pío Moa son historiadores serios.

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El Multicultural

Todos hemos tenido el inmenso placer de encontrarnos con un multicultural en algún momento de nuestras vidas. Especialmente aquellos que hemos sido juzgados merecedores de ser enviados en alguna universidad tercermundista para “disfrutar” de un “maravilloso” año de intercambio con gente con la que no tenemos nada en común (no me importa que comerse las larvas hervidas por la nariz sea una bella tradición con siglos de antigüedad, a mis ojos de europeo es, y seguirá siendo, una guarrada). El multicultural es la típica persona que siente la “llamada del camino” y la necesidad de “descubrirse a sí mismo”. Si, sé que estoy haciendo un uso abusivo de las comillas, pero es porque creo necesario resaltar la idiotez de la terminología.

 

Cuando alguien pronuncie esas palabras sagradas, que parecen las de una secta hippie, no os dejéis engañar: os halláis en presencia de un multicultural. El siguiente paso depende de vosotros. En el Armario de César Borgia tenemos por costumbre rociarles la cara con agentes disolventes, pero recordad que una ligera paliza puede bastar. Depende de las ganas de cada uno, oye.

 

Veréis, el multicultural es a la cultura hippie lo que la música emo es al death metal, es decir, una versión pija y moña de algo ya de por sí bastante insoportable. El multicultural emprende “el camino” en avión y, a poder ser, en compañías tipo Air France o Singapore Airlines, porque, claro está, en otras compañías con menos caché tienen que hacer escala y no disponen de agua Evian en cabina (y, osea, por ahí no pasan, saes?). Llegado el momento de “descubrirse a sí mismos”, lo hacen en un apartamento de 60 metros cuadrados totalmente amueblado por Ikea, van al restaurante diariamente (cocina occidental a poder ser), beben vino europeo importado y “viajan” por el país con otros multiculturales que comparten su pasión por descubrir cosas nuevas (si no habéis captado la ironía es probable que seáis uno de ellos).

 

Enfin, no sé vosotros, pero cuando yo voy a algún país colista en la lista del IDH, me sorprende e impacta la pobreza, la incompetencia del gobierno de turno o la aparente inexistencia del concepto de higiene. Pero el multicultural sólo ve “gente sonriente y humana, con ganas de vivir”. Cuando vuelve a su tierra, ha cambiado. Desprecia a sus compatriotas porque a sus ojos no saben divertirse, son gente gris y se pasan el día trabajando, a diferencia de los nativos de su país de intercambio, que se pasaban el día celebrando la vida. El hecho que los nativos en cuestión estuviesen todos en el paro y sobreviviendo a base de ayudas internacionales (léase occidentales) es, por supuestísimo, pasado por alto.

 

Dice ser: un espíritu libre

Desea secretamente: ser Virrey de las Españas (y, en culturas menos grandilocuentes, simple gobernador colonial)

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El Populista


Sin duda uno de mis preferidos. El populista está por todas partes. Asiste a todos los cócteles de la universidad, va a todas las fiestas de los alumnos, está presente en todas las conferencias y, además, conoce a tu madre, quién suele decir de él que “es un chico/a muy formal”. Además, es amigo personal de todos los profesores de tu campus y en ocasiones juega con ellos al golf, mientras comentan juntos importantísimos asuntos de política internacional, con alguna que otra sesión de clamorosa adulación – “vaya professor xxx, es un punto de vista que no me había planteado, tenga por seguro que lo incluiré en el próximo trabajo para su asignatura…y por cierto, excelente swing”.

El populista adora los baños de masas. Se le reconoce fácilmente por ese detalle. Cuando entra en una sala de clase, parece un maldito presidente centro-americano. Irá inmediatamente a los afortunados sentados en primera fila para darles la mano, una palmada en la espalda, dedicarles una sonrisa y preguntarles como están (la sonrisa y el tono simpático vienen de serie). Luego saludará a los de las filas posteriores en plan infanta de las Españas, para luego sentarse en el medio del anfiteatro, pues le gusta sentirse cercano a todos. El populista no entiende de clases, de dinero, ni ideologías. Sencillamente es colega con todo el mundo. Te prestará sus apuntes de economía, será tu compañero de borrachera y hasta se ofrecerá para enjabonarte el cuerpo mientras te bañas. El populista te ayudará siempre que se lo pidas, con una gran sonrisa en la cara, aunque probablemente no sepa como demonios te llamas.

Porque si algo define al populista, es su incapacidad para acordarse de los nombres. Razón por la cual llama a todo el mundo “amigo”, “compañero” y, de forma menos habitual, “ciudadano”. Puede que toda su personalidad venga definida por esa incapacidad de hacer memoria y la necesidad moderna de quedar bien. Llegados a este punto, podríamos parafrasear a Shakespeare cuando dijo que la vida es una teatro en el que debemos contentar al público, dejando al populista como personaje trágico con toques existencialistas. Pero entonces acabaríamos compadeciéndonos de él/ella y todo este proceso de satirización no tendría ningún sentido. No, el populista es generalmente un capullo y el máximo exponente del arte de las apariencias. Por eso muchos no saben si odiarlo o amarlo. En el Armario de César Borgia le odiamos, porque resulta más fácil parodiar a la gente que te provoca sarpullidos y sinceras ganas de prenderle fuego.

Dice ser: tu amigo

Desea secretamente: ser el próximo Hugo Chávez, pero en guapo

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