Ni El País ni El Mundo, la verdad en boca de los niños

Os presento a Lucía.

Lucía es una niña adorable, de ojos traviesos y sonrisa imperfecta en espera de ortodoncia. Hasta ahí nada que resaltar. El programa de la Sexta le pregunta que quiere ser de mayor, a lo que Lucía da una respuesta predecible.

Lucía quiere ser veterinaria, porque todavía no sabe que eso consiste principalmente en introducir el brazo hasta el codo en el recto de un animal, extraer contenidos y proceder a su minucioso examen. Y luego explicar a tus amigos que el quid de tu jornada laboral reside esencialmente en manipular excrementos, castrar perros y anunciar a la pequeña Susie que Pastel, su conejito blanco, no sobrevivió al camión de cemento que le pasó por encima.


“Pastel era un nombre…uh,… adecuado.”

Hasta aquí nada raro. Si quisiera ser gestora de bases de datos cabría preocuparse, pero veterinaria parece un carrera bastante inocua (de nuevo, si no tenemos en cuenta toda la caca).

Segundo, Lucía quiere “destruir el colegio con una bomba de destrucción”, y eso es posiblemente la forma de terrorismo más adorable de la que tengamos constancia. Desde luego, funciona mucho mejor de cara al público que aparecer por la tele luciendo como el engendro bastardo del abuelo Patxi y un miembro del Klan.


Marketing, maldita sea ETA, ¡MARKETING!

La mayoría de niños detestan la escuela, no vamos a entrar en el debate. Sencillamente es así. Ayudaría que las escuelas no tuvieran barrotes, pero mientras sigan pareciendo penitenciaros para gente pequeña, seguirán siendo odiados símbolos de opresión adulta. Todos los niños sueñan con escaparse de la escuela, con vengarse de sus profesores escribiendo insultos en los pupitres, con falsificar las notas o con liderar una revuelta desde dentro. Paso a paso, mediante pequeñas acciones, hasta una liberación final que, tristemente, solo llegará a aquellos que se plieguen a la dictadura del sistema y acepten jugar según sus reglas.

A poder ser, cantando, bailando y observando estrictas cuotas de representación racial.

Pero Lucía sabe que son débiles, porque la guerra no entiende de moderaciones y porque una liberación que te regalan tus opresores sabe a derrota. Lucía sabe que eso no bastará y que es necesario pensar fuera de la caja. Es consciente, a la gran diferencia del resto de los de su casta, que la lucha no violenta contra la opresión es de moñas. Y Lucía no es moña, es mona. Lucía sabe que los símbolos en los que nadie cree solo duran hasta que alguien los vuela por los aires. Lucía sabe que la mejor forma de pensar fuera de la caja, es destruyendo la caja.


Las cajas de cartón alegóricas son para que los indigentes ideológicos se refugien en ellas.

Básicamente, a sus 6 años, Lucía entiende que para plantear un nuevo paradigma es necesario invalidar el paradigma anterior. Si Lucía fuese presidenta del gobierno, dejaría caer las cajas de ahorros, un par de bancos, se cargaría el mercado inmobiliario y empezaría de cero con un nuevo modelo productivo. Y luego destruiría su escuela con una bomba de destrucción, porque es importante cumplir con las promesas electorales. Por desgracia, no nos gobierna una niña de 6 años que lidera revoluciones, sino un grupo de cincuentones inflexibles que planea reformas.

Y qué cojones, a veces hasta las lleva a cabo.

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Spanish Psycho

El liberalismo español pertenece al mismo club que la inteligencia militar, la evolución teísta y la tragicomedia, a saber, es un concepto que denota ciertas ganas de ser y no ser. En algunos casos, esto ocurre de forma completamente asumida, razón por la cual Shakespeare mola y la salsa agridulce es deliciosa. En otros casos, la gente se refiere a tales comportamientos como “incapacidad para asumirse a uno mismo”, “obedecer a la dictadura de las apariencias” o, simplemente, “adolescencia”. El liberalismo español pertenece a esta segunda categoría. Estamos hablando de la corriente de pensamiento que, según algunos iluminados, tiene que sacar al país del abismo, cosa que pretenden hacer mediante ingentes dosis de auto-odio y negación de la realidad. Aparentemente.

El problema del liberalismo en España viene de nacimiento. En los albores del siglo 19, iba Francia medio borracha por la calle, quemando casas y dándole a Goya razones para pintar cuadros. Ocurrió lo que debía ocurrir, y Francia procedió a violar a España, que pasaba por ahí. España, ataviada con un vestido de trapo y una mantilla de lana, le había mostrado un tobillo desnudo y, estando a principios del 19, eso era claramente provocación de su parte. En fin, que al final resultó que Francia había dejado montones de víctimas y amantes engañadas por toda Europa. Estas acabaron uniéndose y dándole una paliza, con lo que Francia tuvo que huir con el Naboleón entre las piernas, abandonando a su suerte a la pobre Nación Española y a su indeseado hijo bastardo, el liberalismo español. Acusada de acostarse con el enemigo, a la madre la llamaron puta afrancesada. Muy amargada, acabó por echarle toda la culpa al pobre niño y darse a la bebida. Sin embargo, a pesar de los insultos, palizas e humillaciones, seguía siendo su hijo y en cierto modo le quería. Era uno de esos amores que sólo la madre de Norman Bates sería capaz de entender, pero en fin, allí estaba.


Y eso convierte al liberalismo español en Norman Bates. Pero en menos guapo.

Por otra parte, cuando tu mejor referente es un asesino en serie enamorado del cadáver de su madre es que seguramente no estés en plena posesión de tus capacidades mentales. Eso explicaría muchas cosas, entre las cuales las crisis de esquizofrenia que padecen ciertos liberales notorios. Como por ejemplo Federico Jiménez Losantos o Pérez-Reverte, tan jacobinos, tan poco amigos de los particularismos culturales, tan deseosos de ser Francia y sin embargo tan afines a poner a parir a todo lo francés. Posiblemente también tengan miedo a la castración y estén intentando matar al padre, pero ese es otro tema. Y luego está Pío Moa.


Es curioso ver cómo los libros del fondo neutralizan los aires de voyeur y acosador.

Pío Moa es el hombre que escribió “Historia de Franco para los anti-franquistas”, un libro precioso que, por ironías de la vida, solo compraron los franquistas. En el libro, aborda la maravillosa realidad del franquismo durante lo que él mismo llama los Años de Hierro. “¿Pero, si se llaman Años de Hierro, cómo iban a ser maravillosos?”, os preguntaréis. Bueno, el hombre es negacionista (aunque suponemos que, desde su perspectiva, los negacionistas somos nosotros), lo que significa que padece síndrome de la avestruz y está incapacitado para ver sus propias contradicciones y enfrentarse a sus problemas. Algo que resulta obvio cuando uno se interesa por su actitud hacia ETA, por decir algo. Pío Moa es de la opinión que a los terroristas debería aplicárseles la pena de muerte y que la reinserción, además de imposible, una equivocación. Duras palabras, cierto, pero lo curioso no es eso. Lo curioso, o realmente inexplicable, es que el propio Moa es un antiguo terrorista de los GRAPO, reinsertado tras ser acusado de asesinar a un policía a golpes de martillo (al final, se le declaró inocente por falta de pruebas). Entonces, ¿porqué él no y ETA sí? Bueno, nuestra hipótesis es que ETA mata por la espalda y a distancia, algo despreciable en sí. Moa, en cambio, tuvo la decencia de ir al encuentro de la víctima. Con un martillo.


Un arma de caballeros dónde las haya.

La razón por la cual nos hemos interesado por el caso de Pío Moa es porque pensamos que es el mejor ejemplo (clínico) de porque el liberalismo español está condenado al fracaso. A fuerza de negar la realidad y de no reconocer sus traumas, ha desarrollado un trastorno de identidad disociativo, igualito que Norman Bates. Adora a su madre, la nación española, de la todavía conserva el cuerpo momificado como forma de suprimir el sentimiento de culpa nacido del hecho de haber provocado su desgracia y muerte. La doble personalidad en cuestión, la nación española, la madre, desea la muerte de todo aquel que, a veces por su mera presencia, amenace la ilusión de su existencia. Por esa razón, de vez en cuando el liberalismo español, que es macho por consenso, se pone la ropa de su madre, su peluca y sale a la calle a asesinar naciones periféricas. Posiblemente sea la razón por la cual la mitad de los españoles evita ducharse a diario, por si las moscas. Es como si Alfred Hitchcock se hubiera inspirado de las Cortes de Cádiz. Y eso es simplemente fantástico… ¿o deberíamos decir psicotitástico? (Ed: ya que preguntáis, no, no deberíais).

Conclusión: la nación española está muerta, el liberalismo español es un psicópata travesti y en Catalunya…


Recortes. En Catalunya recortes.

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ETA cierra por la crisis y la AVT insiste en un rescate del gobierno

ETA se acabó, ha cerrado el negocio de forma definitiva. Algunos dicen que es porque Bildu tiene representación política y ha entendido que se pueden conseguir cosas sin necesidad de ponerse bravo con la vecina. Otros afirman que ha sido gracias a la labor de los cuerpos de seguridad del Estado, quienes, a pesar de todo, se han mostrado más que preocupados ante el futuro de su noble profesión. Y es que, entre que ETA ya no está y que no les dejan cargar contra los indignados, se están quedando sin candidatos a recibir porra, y eso les deprime. Sin embargo, la auténtica razón de la renuncia de ETA es mucho menos elevada. En declaraciones al Armario de César Borgia, uno de los economistas de la banda admitió que todo fue por una sucia cuestión de dineros. “Subió el Euríbor y ya no podíamos pagar la hipoteca de los pisos francos y los zulos… y bueno, ya ves tú qué cutrez de movimiento de liberación si nos viéramos obligados a organizar la lucha armada desde un Starbucks.”


“Aunque confieso que la idea de frapuccinos-bomba era deliciosamente malvada.”

“Así que nada” continuó, “nos reunimos para hablarlo con Hoztaizka, Argoitz y Bitxito, y decidimos que teníamos cambiar de modelo empresarial para encontrar salida en el nuevo marco económico.” Dicho y hecho, de sucios y odiados gudaris pasarán a ser sucios y odiados políticos separatistas, a los que el público español respeta un poquito más que los primeros (aunque sin pasarse, que siguen siendo el némesis de la Nasión).

Toda España duerme tranquila, porque ya podemos ir a hacer las compras sin que nos explote el carrito. ¿Toda? ¡No! Algunos patriotas recalcitrantes e inmaduros que todavía se niegan a aceptar que ETA no existe y que son los padres. Los muy pillos eran conscientes de que, en cuanto se les acabasen los etarras se les habría acabado el chollo y los regalos a su carrera política. En el fondo, Aznar ya lo sabía, pero no quería quitarle la ilusión a Mayor Oreja, un niño grande para quien llega la Navidad cada vez que en los informativos hablan de los vascos y sus cosas. Especialmente cuando se produce algún atentado grave de esos.


Como por ejemplo el último disco de Alex Ubago.

Luego están las víctimas y los familiares de las víctimas. Bueno, más que las víctimas están las asociaciones de víctimas. Bueno, no todas, sólo las que son muy amigas del PP. Es un tema difícil de tratar desde el humor y la ironía porque, bueno, son víctimas del terrorismo. Le hacen a uno sentirse sucio y culpable por haber tenido la osadía de sobrevivir todos estos años sin tener la deferencia de perder a un amigo, familiar o extremidad útil. Las asociaciones de víctimas son como los discapacitados, los ciegos o los sordomudos: por alguna razón, cuando entran en una habitación llena de gente, todo el mundo baja la voz y contiene unas irrefrenables ganas de ponerse a aplaudir. Asumimos que son tan puros e inocentes como un bebé foca recién salido del vientre de su madre, que por alguna razón contenía una mezcla de leche y miel en vez de líquido amniótico. Cada línea de este artículo nos ha costado sangre, sudor y lágrimas de dolor, porque es práctica y físicamente imposible criticarlos.


“¿Oísteis lo que dijo la AVT el otro d…– ¡OH, QUÉ RICURA!”

La razón por la cual asumimos tal cosa sin razón aparente es que, si indagáramos un poco y descubriéramos que entre las víctimas hay maltratadores, policías corruptos o simplemente gente que se aprovecha de la muerte de parientes para hacer carrera en política, posiblemente no tendríamos las mismas ganas de compadecernos de ellos. Y eso nos haría entrar en un bucle de contradicciones que nos llevaría a hablar mal de un colectivo arropado por la sociedad y alzado a la categoría de parangón de integridad de Occidente. Es una tarea ingrata que nadie quiere hacer, porque la honestidad que motiva dicho acto suele verse recompensada con una dosis letal de ostracismo, así como por un grupo de señoras jubiladas, acampadas de forma permanente frente a la entrada de tu casa con banderas de España y que te gritan cosas como “sinvergüenza” y “fuera, fuera” cada vez que cruzas el umbral.


Señoras que están allí, bajo la lluvia. Esperando.

Por ese cúmulo de razones, generalmente preferimos pensar que las víctimas del terrorismo son nada menos que la reserva moral de la nación y que están libres de toda mácula. De todas formas, en nuestro ibérico reino, eso del “espíritu crítico” y la “valentía política” es como el pan en la España de Franco: sólo se puede conseguir mediante cartilla de racionamiento. Cuando las asociaciones de víctimas se oponen a que se firme la paz con ETA y exigen que se mantengan las medidas de excepción, todavía no ha nacido el guapo que les diga que no se puede someter a todo un colectivo a presión policial y política sólo porque ellos se estén atravesando una fase de negación de la realidad basada en los delirios mediáticos de unos caballeros que no tienen dónde caerse muertos.


“¿Dijeron que no a la puesta en cuarentena de Vascongadas? Bueno, habrá que pensar en otra cosa…”

Lo diremos como lo diría Ned Flanders, puede que así no nos linchen al salir del coche con la compra: en el Armarito de César Borgia creemos en la libertad de expresioncita y, por lo tanto, pensamos sinceramente que cualquier organizacioncita que se posicione en política siendo inmune a las critiquillas es un peligrito real y un riesguito para nuestra democracita. Algunas asociaciones de víctimas se han dedicado a influenciar la política anti-terrorista española sin que nadie pueda llevarles la contraria, a pesar de contar con el apoyo explícito de ciertas agrupaciones,–*tos*partidopopular*tos*upyd*tos*. Además, en algún momento dejaron de defender sólo a las víctimas y empezaron a defender a España. Y luego se declararon contrarios a los nacionalismos periféricos, y no sólo a los que emplean la violencia, sino a todos, incluido el gobierno, porque quiere lo mismo que quieren todos ellos, es decir, romper España. Hay que ver lo mucho que aguanta, la condenada.


A más de uno le vendría bien que se rompiera un poquito.

Eso ya no son asociaciones de víctimas, son lobbies ultraconservadores al servicio de intereses políticos, capitaneados por gente que ha asimilado erróneamente los intereses de las víctimas a los intereses del país, del Estado y del resto de la ciudadanía. Gente que usa su posición de campeones de la dignidad para atacar personas e instituciones que nunca han tenido nada que ver con ETA o la violencia, y de paso criminalizar a sectores enteros de la población por pensar distinto. Deberíamos ser capaces de decir abiertamente que son unos majaderos y que se vayan un poquito a la mierda. Pero no lo haremos, no sea caso que nos acusen de hacer apología del terrorismo o algo así.

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La paradoja del manifestante

Lo diremos para que quede claro: en el Armario de César somos unos vagos, porque es lo que se lleva en España en estos momentos. Bueno, es lo que siempre se ha llevado, pero parece que ahora, con todo eso de la crisis y el fin del mundo, ser vago es, más que nunca, motivo de orgullo. Antes eras sólo un vago más, pero ahora puedes ir por ahí diciendo que si no trabajas es porque los bancos y la avaricia corporativa te han obligado a acampar indefinidamente en la calle bajo el dulce solecito. Vago es lo que vuestros hijos quieren ser de mayores. Vago es trending topic. Vago es el nuevo David contra Goliat. Y eso nos convierte en un país de auténticos héroes. Si no podemos vencer al capitalismo desde el sofá de casa, pondremos el sofá en la calle. Pero a Dios ponemos por testigo que de allí no nos moverán.


“WE. SHALL. NOT. BE. MOVED!”

Por esa razón hemos pasado olímpicamente de escribir un artículo sobre el 15-M, porque eso requería un esfuerzo mayor y una opinión informada. Hasta ahora. Seguimos sin tener una opinión informada pero, tras tantos lunes al sol, ocurrencias cómicas nos sobran. Supongo que acabará por salirnos algo mínimamente decente y dotado de sentido. Y por si acaso, hemos contratado a un becario, que también está de moda.


“¿Publicar con tú nombre? ¡Muy buena becario! Anda, dame eso y tráeme un café.”

Pero claro, no todos tienen a un pobre ser humano a su servicio en búsqueda de un futuro mejor. Y ese es el principal problema de querer hacer la revolución desde el sofá, cerveza en mano y la boca llena de cheetos. Una cosa es ir lanzando al aire mensajes ingeniosos aunque inconexos, y la otra construir un discurso coherente. La finalidad de lo primero es generar ruido y, por qué negarlo, agitación hormonal en el sexo opuesto. Es el equivalente civilizado de darse golpes en el pecho, y está a medio camino entre la masturbación intelectual y el típico comportamiento de gilipollas de bar que tanto apreciamos. Pero construir un discurso coherente a escala nacional es difícil y requiere trabajo, compromiso y cierto sacrificio personal. Y nosotros, por así decirlo, pasamos tío. Pero los del 15-M deberían planteárselo ya, si no corre uno el riesgo de quedarse atrapado en un simbolismo lacónico y cutre, que queda muy bien en los stickers de la mochila, pero que no lleva a ninguna parte.


“¡Tengo un sueño!…abajo el capitalismo…Catalunya is not Spain…la sanidad es de todos…Yankees go home…Negociación con ETA en mi nombre no…y tal y cual… ¿Sabes?”

Por ejemplo, tomad el elemento distintivo del movimiento de indignados. La careta de Guy Fawkes. La usan en todas partes, ya sea en Europa o del otro lado del Atlántico, porque Africa y Asia no cuentan a efectos de todas partes. Cada vez que vemos un amable ciudadano con dicha careta por la calle pidiendo una revolución social y una democracia real, nos entran ganas de hacer lo que hacen los británicos cada 5 de noviembre, es decir, quemar a Guy Fawkes. Una cosa es que Alan Moore se tomara algunas libertades con V de Vendetta y “revisitara” la historia de Fawkes para dar vida al personaje de V, quien, sea dicho de paso, tiene más de anti-héroe que de héroe. Otra muy distinta es que la gente reivindique la figura de Fawkes para derrocar al sistema y restaurar la justicia social, en base a los hechos contados en una película más bien malilla. El Guy Fawkes de verdad no luchó contra ningún gobierno opresor (de acuerdo con los estándares de no-opresión de principios del siglo XVII). De hecho, Inglaterra era de los países con más libertades de la época. Guy Fawkes, en cambio, era un fundamentalista católico disgustado con el anglicanismo y la moderación religiosa del rey Jaime I. Sí, estamos hablando de un hombre que pensaba que las autoridades religiosas de la inmediatez post-medieval eran demasiado blandas. Y un buen día, decidió provocar un cambio de gobierno.

Volando el parlamento por los aires. Así, tal cual.


Sus inmortalizados rasgos faciales generan la misma confianza y sensación de bienestar que un pederasta paseándose por el vecindario con un carrito de helados.

Lo que tenemos es lo siguiente. Primero, un hombre dispuesto a matar a un montón de gente para conseguir un objetivo que tiene de democrático lo que Jorge Javier Vázquez de Caballero Legionario. Segundo, un montón de gente dispuesta a creerse que, en realidad, dicho ser defendía valores que, dados su época y emplazamiento geográfico, sólo habrían sido posibles gracias a una máquina del tiempo. Y tercero, una serie de empresas dispuestas a explotar la credulidad de las masas para hacer el negocio del siglo vendiendo artículos de merchandising sobre el personaje en cuestión. ¿Os resulta familiar?


“¡Hasta la democracia real siempre!”

Exacto, Guy Fawkes es el nuevo Che Guevara.

Como ocurre a menudo con los adoradores de ídolos comerciales, nunca es posible saber si van en serio o si simplemente llevan la camiseta por que les queda guay. Esta confusión nos lleva al punto en que ya no sabemos muy bien con quién demonios tenemos el insigne honor de tratar. El indignado es difícil de categorizar. Esto genera un problema complejo para la resolución del cual tenemos que echar mano de los extensos conocimientos de física que nos brindan el bachillerato de letras y una licenciatura en ciencias políticas. En el fondo es un simple paradoja, que nombraremos “el Manifestante de Schrödinger”. El manifestante, encerrado dentro de un movimiento más bien opaco, podría ser un demócrata incomprendido o un pequeño dictador, pero no lo sabremos hasta que el movimiento en cuestión provoque un cambio de gobierno. Hasta la llegada de tal fecha, no podemos hacer otra cosa que no sea asumir que el manifestante es a la vez un defensor de la democracia y un autócrata absolutista. La derecha conservadora, tradicionalmente más reticente a modificar las condiciones iniciales del experimento, ha barajado la posibilidad de meterlos a todos dentro de una cámara de gas letal que se activa aleatoriamente y ver qué pasa. Por fortuna, no todos somos unos sádicos.


“Podría ser un sádico y podría no serlo. No lo sabremos con certeza hasta que no me presentes a tu gato.”

De ahí que nadie entienda de qué va el 15-M. Es a la vez una fuente de esperanza y un motivo de creciente preocupación. El movimiento no tiene mensajes claros, sino que consiste en un popurrí ideológico que sólo presenta cierta coherencia una vez asumidas su naturaleza paradójica y la participación elementos de mecánica cuántica. Y la verdad, no se nos dan nada bien las ciencias y preferimos echar una siestecita. Ellos no hacen un esfuerzo en explicarse. Y nosotros tampoco haremos uno para entenderles. Porque somos unos vagos.

Hale, ya hemos rizado el rizo. Nos ha salido bien y todo.

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Si España fuera un país de fantasía…

En contra de la opinión general, en un mundo de fantasía en que todo fuera precioso, heroico y mágico, nuestro día a día seguiria siendo una mierda, porque por cada hobbit que toma parte en una peligrosa misión que decidirá el futuro del mundo, cincuenta hobbits se queden en sus casas fumando hierba de pipa y tocándose las narices. Y he aquí nuestras razones:

  1. Nos gobernaría la Niña de Rajoy, la hermana retrasada de la Emperatriz Infantil.
  2. España sería antes orca que rota.
  3. Endesa sería antes cimeriana que catalana.
  4. El santo patrón de Catalunya sería Eragon.
  5. Los conocimientos de nuestros jóvenes en pociones y defensa contra las artes oscuras estarían muy por debajo de la media OCDE.
  6. El dragón rojo del comunismo sería un auténtico dragón rojo y no una simple metáfora.
  7. Franco hubiera muerto a los pocos segundos de combate contra el dragón rojo.
  8. Los Leones del Congreso de los Diputados tendrían que ser retirados por ser considerados símbolos religiosos del Culto de Aslan.
  9. Francisco Camps sería procesado por aceptar túnicas de archimago hechas a medida a cambio de favores políticos a la Cofradía de Hechiceros.
  10. Esperanza Aguirre recortaría drásticamente el presupuesto anual de Hogwarts.
  11. La Fiesta Nacional consistiría en toreros enfrentándose a minotauros y sería una celebración claramente racista.
  12. Los gigantes existirían, Don Quijote estaría cuerdo y el libro de Cervantes no tendría gracia.
  13. Sólo los miembros del Gremio de Ladrones podrían llevar burka en público.
  14. El Presidente del Gobierno no reconocería la contribución de los hobbits por haber llevado el anillo a Mordor y les diría que la Comarca y todos sus habitantes son parte de esa gran nación, que es Eriador.
  15. El PNV exigiría uno de los nueve anillos de poder de los hombres para el Lehendakari.
  16. ETA pondría bombas hasta que le entregasen el Anillo Único.
  17. La Torre de Marfil hubiese sido diseñada por Santiago Calatrava y edificada en suelo público recalificado.
  18. Los Mortífagos hubiesen cargado contra el movimiento 15-M.
  19. La Liga profesional de Quidditch sería cosa de dos.
  20. Belén Esteban sería un dementor.
  21. Leire Pajín sería un trol de las cavernas, pero por alguna razón seguiría siendo ministra.
  22. Los altos elfos se mostrarían más que reticentes a la idea de eurobonos.
  23. El Balrog se negaría a que el AVE pasase por debajo de las Minas de Moria.

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La Policía Nacional denuncia la falta de ejercicio

La UFP, o Unión Federal de Policía, son unos señores que están hartitos. Como buenos agentes del orden, durante las manifestaciones del 15-M, salieron a la calle para proteger al ciudadano de bien contra los malévolos flautistas de Hamelín y sus ratoniles hordas. Hicieron muchas horas extra, sintieron el menosprecio de sus superiores hacia su labor y soportaron todo tipo de vejaciones, desde escupitajos en el uniforme hasta manifestantes que les enseñaron sus genitales. Básicamente, tuvieron una jornada laboral normal y corriente, como cualquier otro ciudadano. Sin embargo, como los antidisturbios son demasiado machos como para pedir la baja por estrés o presentar una denuncia por acoso sexual, han tenido que reorientar sus quejas hacia el Gobierno. En especial en lo que se refiere a la negativa de Interior a autorizar una buena carga policial entre amigos, tan necesaria para rebajar la tensión del día a día. De esas de las que luego te ríes con Paco y Julián, cerveza en mano, en el furgón, de vuelta a comisaría.

En los furgones de la Policía Nacional no viajan diputados del Parlament de Catalunya, y por consiguiente son mucho más divertidos.


Los señores de la UFP, como veréis, son gente que se toma muy a pecho su trabajo. Les gusta que las calles de España estén limpias, que los niños corran libres vestidos de marinerito, con aros en la mano, mientras sus madres lavan la ropa con grandes y amorosas sonrisas, a sabiendas de que la vida es bella porque, pase lo que pase, sus maridos policías traerán dinero a la mesa. Por supuesto, el Gobierno les ha hecho oídos sordos, porque son unos rojos blandengues y porque eso de cargar masculinamente por amor al orden y la patria no es su rollo.

“Y porque creo que hay demasiadas mujeres en el Gobierno. Ala, ya lo he dicho.”

Y para empeorar las cosas, está ese detalle molesto: a los Mossos sí que les dejaron entrar a saco y romper un par de piernas, porque ya se sabe, los catalanes son unos insolidarios hasta cuando toca repartir porrazos entre turbas de jovenzuelos. Y Dios sabe que las turbas de jovenzuelos son como la RENFE y el Real Madrid, pertenecen a todos los españoles y quien diga lo contrario es un miserable. A los agentes de la ley les gustaría asegurarse de que nadie sea discriminado a la hora de dar y recibir palos.

Indignados por la situación, han presentado una queja formal ante Eurocop, la confederación europea de policía, para intentar convencer a la Unión Europea para que proponga protocolos de actuación que desvinculen la acción policial del gobierno y la hagan dependiente de los jueces y fiscales. Aparentemente, sólo la Justicia española tiene el dudoso mérito de ser tan chunga como la UFP, y eso tiene que aprovecharse para lograr y explotar mayores sinergias. También han pedido que se apruebe una normativa que impida que se cuelguen en redes sociales fotografías “que intenten personalizar en el policía como causante de la provocación y de la violencia”, porque esas fotos de Fernando apaleando a una chica anoréxica de 16 años estaban clara e infamemente sacadas fuera de contexto.

Fotografías anteriores demuestran que se trataba en realidad del Joker.

Para terminar, han solicitado protección jurídica ante denuncias individuales, alegando que un policía imputado por falta grave es un policía menos a la hora de luchar contra las hordas del caos. Resulta que hay muy pocos antidisturbios en España, apenas 3000 para toda la península. No como en Francia, donde tienen 15.000 CRS y les va de maravilla (sic). También han dicho que “una sociedad como la española, democrática y basada en el Estado de Derecho, no puede permitir que se ponga a la Policía estatal bajo sospecha”.

“Pero también creemos que el libre-mercado necesita un férreo control estatal y muchos monopolios públicos, así que no nos hagáis mucho caso.”

Bueno, a decir verdad eso no es nuevo, ya venía de antes. El lema fundacional de la organización es “En nuestra autonomía está vuestra libertad”. Ya sabíamos que nuestra libertad está condicionada por el poder relativo de la policía, aunque por alguna razón la UFP cree que eso es motivo de orgullo, así que les seguiremos el rollo y no haremos más comentarios, por si se mosqueasen. Es como cuando le gritas “¡facha!” a un falangista y este contesta “¡hombre, muchas gracias!”.

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Why He-Who-Must-Not-Be-Named sucks terribly at the Art of War

You may already know for a fact that Harry Potter is just useless. For starters, despite having a lightning-shaped face scar that totally allows him to root for a cool nickname, like “Scarface”, he went for “Chosen One”, which makes him sound more like Keanu Reeves minus the kung fu awesomeness, rather than the well-mannered, children-friendly version of notorious mass murderer Tony Montana. Then, he somehow manages to go through several thousand pages without actually doing anything, other than letting Dumbledore mind-rape him with ridiculously intricate riddles. An even then, it’s usually up to that annoying little girl to figure out the solution to almost everything.

At some point, we all wished HER parents were to ones to be atrociously murdered.

However, the ultimate proof of Harry’s pointlessness lies in the fact that, whatever his actions, Voldemort’s plan of world domination was doomed from the start. Taking on the wizard society was only his first step. What he really wanted was to bring muggles into submission, because he’s obviously jealous about us having perfect, gorgeous noses to constantly brag about, while he’s an albino face-challenged freak. Problem is he may not have planned the whole war thing as carefully as he should have.

After all, wizards are clearly the ones hiding from the muggles, not the other way around. One doesn’t hide behind a complex wall of spells and enchantments for absolutely no reason. You might as well have an excellent justification for acting like a fucked up near-autistic war veteran that just decided to live where real world cannot reach him. Now, in the case of shell-shocked Iraq vets it’s usually because of all the killing and murdering and dying they went through before being mercifully torn to shreds by a hand grenade and eventually put on a wheel-chair for the rest of their drug-ridden lives. In the case of wizard society, it probably has something to do with muggles’ notorious ancient hobbies involving the use of medieval amounts of violence on normal, god-fearing people just to prove a retarded point.  Like, you know, witch hunting.

“Take her to the lake! If she drowns, she’s probably just fine. Or not…whatever.”

Of course, these were people that believed that a double-sided battle axe was a classy weapon for educated gentlemen and for whom burning people at the stake was a legit, godly variety of public lighting. You would think we have largely improved our relation to sanity since those days. However, you would be wrong. While modern means of psychological torture are probably more sophisticated than old-timey Spanish Inquisition craziness, it doesn’t mean they won’t put to shame that lame Cruciatus spell, because they totally will. So you better give us your best shot, Dark Lord.

What’s it gonna be? Avada Kedavra killing curse? We have assault rifles that do not require seven years of Hogwarts training in order to be used properly, thank you. Hell, your everyday uzi-wielding ghetto kid raised on video games and hardcore porn is probably more deadly (and insane) than the average death eater.  What about that magical map Harry takes everywhere with him capable of displaying the real time locations of anyone in the vicinity? There is absolutely no way we’d come near that, right?

MADNESS!

At this point, before completely blowing up his cover, thus revealing himself to the eyes of millions of technologically advanced magic haters, Voldemort should consider gathering some information about them. You know, just in case that precious knowledge put together by the Ministry’s Muggle Studies Department on coffee machines and electrical plugs doesn’t provide wizards with the proper understanding and capabilities to shot military satellites out of the sky.We’re guessing it won’t.

Though they could always try to point their wands at the sky and yell “Actio satellite!”, and see how that works.

Because nothing says “success” like several million tons of fiery space junk falling down on your exact location.

Seriously considering his options, the Dark Lord thoroughly prepared himself and humbly asked for military advice on muggle warfare and submission tactics…wait, scratch that, he didn’t. Instead he just closed the Muggle Studies Department because fuck muggle studies. Then, he hunted down an executed all the experts on that very field, therefore eliminating the only available source of intelligence on the enemy. It’s as if Reagan had the entire CIA shut down and then had proceeded to the disclosure of the names and locations of all cover agents working for the US at the time. And then, just for the sake of it, he would have ruined Chuck Norris’ propaganda acting career and asked Her Majesty the Queen to give James Bond a desk job. But he didn’t. Instead, he launched the Star Wars Program and wrestled the USSR to death, because despite of being the closest thing mankind had to Voldemort he still was Ronald fucking Regan, not some retarded emo wizard with a Freudian obsession for wands and young boys.

Although he did try to trash gender studies, so we’ll give him that.

The whole thing has probably something to do with Voldemort just not giving a living fuck about strategy or Sun Tzu, on the grounds of Sun Tzu being a Chinese legendarily badass supermuggle, but a muggle nonetheless. Apparently, in Wizarding World “know your enemy” isn’t even a thing. And neither is common sense, which is a real shame.

It may be annoying and a filthy mudblood, but common sense is also kinda hot.

Voldemort calls for a holy war against the muggles basically by yelling “I AM A WIZARD, FEAR ME” and not even making an educated guess on his enemy’s capabilities. In other words, he’s giving the finger to the main rules of warfare and sanity, while risking to trigger a massive witch hunt that could lead to the utter slaughter of his people in some creepy underground scientific facility.

And while we can accept the fact he’s actually supposed to behave like a murderfaced asshole, we can’t help to notice he’s also supposed to be a highly gifted evil mastermind. But turns out he’s just a regular bully that eventually got defeated because seventeen years ago he was too lazy to put his damn wand aside and kill baby Potter the old fashioned way: by grabbing him by his cute, tiny feet and smashing his head against the wall. Why? Because that’s a muggle thing, that’s why.

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